Para este viernes 12 de diciembre de 2025, el panorama desde la perspectiva Bursátil nos presenta un mercado costarricense caracterizado por contradicciones marcadas entre las cifras macroeconómicas y la realidad fiscal. La jornada inicia con una atención casi exclusiva sobre el mercado cambiario, donde la divisa estadounidense se cotiza en las ventanillas con una referencia de compra cercana a los ₡496 y la venta sobre los ₡502, niveles que nos remiten a mínimos del 2005 y que mantienen al sector exportador en alerta máxima ante la pérdida de competitividad, mientras el Banco Central sostiene su Tasa de Política Monetaria en el 3.50%.
En el ámbito fiscal y de consumo, se observa un fenómeno particular de «crecimiento estéril». A pesar de que la economía proyecta un cierre de año con un crecimiento del PIB superior al 4.4%, esto no se está traduciendo en una mayor recaudación de impuestos de renta e IVA, debido a que el dinamismo se concentra en zonas exentas. Paralelamente, los hogares costarricenses han modificado sus patrones de gasto en un entorno de inflación negativa del -0.37% interanual, reduciendo el consumo de alimentos básicos para destinar más recursos a transporte y ocio. El clima de negocios también se ve nublado por tensiones regionales derivadas de las recientes sanciones de EE.UU. a Nicaragua, lo que amenaza la logística comercial, y por el ruido corporativo local reactivado por las investigaciones sobre sobreprecios en los fondos inmobiliarios del BCR SAFI.
Riesgos y Oportunidades en este contexto
De cara al cierre del año, el principal riesgo radica en la sostenibilidad fiscal; si el crecimiento económico no genera ingresos tributarios, el gobierno podría verse presionado a recortar gasto público o buscar nuevo endeudamiento en 2026. A esto se suma el riesgo operativo para las empresas con cadenas de suministro que atraviesan Nicaragua, las cuales podrían enfrentar disrupciones severas en el corto plazo.
Por otro lado, la gran oportunidad se presenta para importadores y deudores en dólares, quienes tienen ante sí una ventana ideal para realizar compras de divisa o amortizar deudas a un tipo de cambio inusualmente bajo. Asimismo, el entorno de tasas estables y baja inflación favorece la reestructuración de pasivos corporativos y personales antes de que un eventual cambio de ciclo en 2026 modifique las condiciones de liquidez.
¿Qué estrategias se miran en estos niveles?
Dando continuidad al análisis de este viernes 12 de diciembre de 2025 y profundizando en la estrategia sugerida, el mercado costarricense nos presenta una ventana de oportunidad táctica que no veíamos en dos décadas. La desconexión actual entre un sector exportador presionado y un consumo interno que cambia sus hábitos por la deflación, converge en un punto crítico: el tipo de cambio en niveles de ₡490-₡496. Es aquí donde nuestra tesis de inversión para el cierre de año e inicio de 2026 cobra fuerza, centrada en una Estrategia de Cobertura Cambiaria Agresiva.
Ante la abundancia de dólares típica de la temporada alta de turismo y el pago de aguinaldos, sumada a la inversión extranjera directa en zonas francas, la divisa estadounidense se encuentra «barata» en términos históricos. Por ello, la recomendación inmediata consiste en aprovechar la liquidez en colones para pre-fondear todas las obligaciones en dólares del primer trimestre de 2026. Esto no solo implica la compra spot (de contado) de divisas para pagos a proveedores o importaciones futuras, sino también la amortización extraordinaria de deudas denominadas en dólares. Al hacerlo hoy, se está fijando un costo operativo artificialmente bajo, blindando los flujos de caja futuros ante el riesgo de un eventual rebote del tipo de cambio cuando la temporada alta de divisas finalice hacia abril.
Esta maniobra de cobertura se vuelve aún más relevante al considerar los riesgos geopolíticos regionales mencionados anteriormente. Las sanciones de EE.UU. a Nicaragua amenazan con romper la fluidez logística centroamericana; ante la incertidumbre de tiempos de entrega más largos, muchas empresas optarán por aumentar sus inventarios de seguridad. Este aumento en inventarios requerirá mayor capital de trabajo, y haber comprado los dólares a ₡490 para financiar esas compras adicionales se convertirá en una ventaja competitiva clave frente a competidores que asuman el riesgo cambiario sin cobertura.
Sin embargo, no debemos ignorar los riesgos latentes en esta jugada. El principal peligro es el «Costo de Oportunidad de Tasas». Al pasar liquidez de colones a dólares, se renuncia al premio por invertir en moneda local (aunque el diferencial se ha reducido, sigue existiendo). No obstante, en nuestra lectura actual, el beneficio de asegurar un tipo de cambio en mínimos históricos supera el rendimiento marginal que ofrecería un instrumento en colones a corto plazo, especialmente en un entorno donde la inflación es negativa y el BCCR podría recortar tasas nuevamente.
En conclusión, la oportunidad clara para el portafolio reside en la dolarización táctica de la liquidez excedente. No se trata de especular contra el colón, sino de utilizar el contexto macroeconómico de «crecimiento estéril» y dólar bajo para sanear balances, reducir costos financieros reales y preparar la tesorería para un 2026 que iniciará con desafíos logísticos regionales y posibles correcciones en la valoración de la moneda.
Gsandel.



