Realizado por: gsandel (03/08/2016)
De conformidad con el criterio de los representantes del Banco Central de Costa Rica, observado en su informe de revisión de las expectativas para el II semestre del 2016; Costa Rica podría alcanzar una producción por el orden de los $58.0 a los $63.0 miles de millones, ello en condiciones económicas a la baja -si se compara con la tasa observada del IMAE de mayo que reflejo un crecimiento del 5,40%-, así como, condiciones financieras y de precios relativamente estables.
En el próximo bienio, se esperan tasas de crecimiento económico reales entre el 4,2% y 4,3%, baja inflación y algún grado de estrés del tipo de cambio, al apuntar la posibilidad de seguir perdiendo reservas en términos netos y como porcentaje del PIB al cierre del 2016-2017.
Acorde con el reporte de las principales variables macroeconómicas, se espera una disminución del ingreso nacional disponible bruto real en el 2016, con un leve repunte al 2017. Circunstancias éstas que bien pudieren afectar la tasa de ahorro de los costarricenses, la liquidez y por tanto el costo de los recursos financieros durante el 2016-2107. De manera complementaria, en el sector real no se observan mejoras en el empleo, circunstancias que de mejorar contribuirían con una mayor tasa de crecimiento económico en el periodo presupuestado. Se sostienen expectativas de un crecimiento vía el aumento de la demanda interna, es decir, el gasto final de los hogares y consumo de bienes externos. Dichas estimaciones no contienen el impacto de los impuestos sobre el bolsillo de los consumidores si se logra una reforma fiscal en esta administración, asunto que se le asigna muy bajas probabilides.
Si bien la inflación ha sido negativa, según informa el Banco Central; no obedece a condiciones de deflación o cosa parecida, sino que se explica por factores externos como fue la baja en los precios del petróleo y las materias primas. De manera que espera un breve repunte de la inflación a los límites de la banda inferior esperada para el 2016-2017, por el orden del 3,0% más menos ± 1 punto porcentual, algo así como 1 punto porcentual arriba de las expectativas de inflación de los principales socios comerciales (USA y Europa) que la tienen ubicada en 2,00%. Las autoridades indican que las “…estimaciones señalan que existe una alta probabilidad de que la inflación presente valores interanuales positivos, pero bajos en el II semestre…”.
Gracias al ingreso persistente de inversión extranjera directa, se espera mitigar un déficit en la cuenta comercial por el orden del 10.50% y 11.10% y cerrar con un déficit en cuenta corriente relativamente similar al observado en el 2015 entre el 4,20% y 4,40% del PIB. Estrategia cuyos resultados esperados será una pérdida de reservas y pasar del 14,5% del PIB en el 2015 al 13,20% y 12,0% al cierre del 2016 y 2017, respectivamente. Dichas estimaciones anticipan medidas para mitigar los riesgos de depreciación de la moneda en un contexto de altas tasas de crecimiento del crédito en dólares, aumento de la factura de hidrocarburos, la demanda externa y la retribución al capital invertido en el país.
En el frente fiscal, se mantienen escépticos de que en la actual administración se logren resultados positivos; por tanto, presupuestan un aumento de poco más de 100 puntos básicos en el déficit financiero del país, por el orden del 5,60% y 6.60% al cierre del 2016-2017. Mucho explicado por al aumento del déficit del Gobierno desde el 5,80% en el 2015 al 6,00% y 6,50% en el 2016-2017, respectivamente. Muy a pesar de los esfuerzos que se presupuesta de parte del resto del sector público no financiero y del Banco Central.
Las expectativas para el II semestre, incluyen una disminución de poco más de 3,3 puntos porcentuales en el crecimiento de los agregados monetarios; al reportarse crecimientos del 10,50% y 10,10% en el medio circulante. Por otro lado, no se esperan aumentos significativos en la tasa de crecimiento de la riqueza financiera de los costarricenses durante el 2016 (10,90%), con un leve repunte para el 2017 a tasas del 11,30% anuales.
Por último, la estrategia contempla medidas para desestimular el crecimiento del crédito en dólares, el cual se observa aumentando a tasas del 8,00% y 6,00% durante el 2016-2017, con repunte en moneda local del 8,20% en el 2016 al 11,10% en el 2017. Lo anterior, en un contexto donde las mismas autoridades reconocen no contar los instrumentos que les permitan incidir directamente sobre las variables que determinan la demanda u oferta de crédito en dólares. Aún así, se alistan medidas como para los Bancos, como el contar con autorización del Banco Central para tomar prestado con instituciones del exterior, aumentar las medidas prudenciales con exigibles a deudores en dólares que ganan en colones, entre otros.
Los riesgos o temores siguen siendo los mismos de principio de año, a nivel global, solo que en esta oportunidad se siente un aire de una mayor preocupación por el endeudamiento en dólares. Tal énfasis de las autoridades, adelanta la posibilidad de una depreciación mayor que la observada en los últimos meses.
En general, los riesgos que se visualizan, son los siguientes;
En el ámbito externo;
a) Bajo crecimiento mundial con repercusiones negativas sobre la demanda externa de los productos ticos,
b) Mayor desaceleración del crecimiento en China que pudiere estimular una percepción menos favorable sobre el nivel de riesgo de la economía costarricense;
c) Cambios desfavorables en los precios de las materias primas y del petróleo y la intensificación de los riesgos geopolíticos;
d) Incremento de la volatilidad de los mercados financieros con impacto desfavorables en las primas por riesgo crediticio y de tasas de interés.
A lo interno,
a) Deterioros mayores en las finanzas públicas, de los previsto con impacto sobre el nivel de tasas de interés, y posible estrujamiento del crédito al sector privado.
b) Aumento de la cartera de crédito en dólares fuera de los límites presupuestados, asociado con una depreciación mayor de la moneda costarricense, con disminución de la calidad crediticia de la cartera y por tanto baja en los resultados financieros del sector bancario o impactos no deseados mayores.
d) Cambios adversos sobre los precios locales (e importados) por factores no controlables como el cambio climático, terremotos u otros que dañen el sector agrícola y la infraestructura del país y limite la capacidad de crecimiento.

Fuente: Banco Central, informe de revisión de programa económico II S 2016






















