Coyuntura Bursátil| Semana 52. Chao 2025

En la semana 52, el cierre del año estuvo marcado por una liquidez estacional elevada por la distribución del aguinaldo y por decisiones de inversión de corto plazo que se trasladaron a instrumentos tradicionales en colones, como los certificados de depósito a plazo, donde las entidades financieras publicitaron rendimientos competitivos en horizontes de seis, doce y veinticuatro meses; ese flujo tiende a presionar a la baja las tasas cortas del mercado y a estabilizar la demanda de instrumentos de alta calidad crediticia, al tiempo que modera la volatilidad intradía del tipo de cambio en un contexto de inflación baja y expectativas ancladas.

El telón macro se mantuvo dominado por proyecciones oficiales que, aunque positivas, presentan matices. El Banco Central, en su comunicación de inicios de año, había anticipado un crecimiento para 2025 cercano al 4,1%, con un entorno de inflación contenida, narrativa que reforzó la lectura de un ciclo de política monetaria más acomodaticio y un sesgo de normalización de tasas reales; sin embargo, a lo largo del año las revisiones de organismos internacionales—FMI y OCDE—introdujeron señales de enfriamiento en la demanda externa y potencial presión en exportaciones, lo que matiza el apetito por riesgo en emisores más sensibles al ciclo global.

Desde la perspectiva doméstica, el Banco Central ha señalado que la expansión de la actividad se sostiene con la demanda interna como principal motor, y que en el tercer trimestre el crecimiento interanual se aceleró respecto al año previo; este desempeño, sumado a la baja inflación, tiende a comprimir primas por riesgo macro en la curva soberana en moneda local, pero a la vez expone a los portafolios a riesgo de reevaluación si el componente externo se deteriora por shocks comerciales o por un menor dinamismo de socios clave. En el último informe del 26 de diciembre, se desprende que el «… Banco Central de Costa Rica ha consolidado una postura monetaria expansiva al situar la Tasa de Política Monetaria en un 3,25%, nivel que busca estimular la economía en un contexto donde la inflación interanual permanece en terreno negativo (-0,38%). Este entorno de precios bajos convive con un crecimiento robusto de la actividad económica del 4,7%, traccionado fundamentalmente por el dinamismo de las zonas francas, mientras el régimen definitivo muestra signos de estabilización. En el mercado financiero, se percibe una moderación en el crédito al sector privado, con un avance del 5,4% donde las colocaciones en dólares superan el ritmo de los colones. Por su parte, el mercado cambiario mantiene una estabilidad relativa con un tipo de cambio de referencia que orbita los ₡500, en un marco de mayor preferencia por la liquidez en moneda extranjera. Las tasas pasivas, como la TBP, reflejan este ajuste a la baja situándose en el 3,78%, alineadas con la moderación de los precios internacionales de las materias primas, especialmente el crudo WTI. Esta coyuntura define un escenario de estabilidad macroeconómica con retos persistentes para retornar la inflación al rango meta institucional.

La coexistencia de una senda de crecimiento moderada y sorpresas negativas en proyecciones externas suele traducirse en un sentimiento mixto entre inversionistas institucionales: mayor comodidad con riesgo duration en colones, pero cautela táctica dada la evolución del crédito corporativo con exposición a exportaciones y consumo discrecional. En el mercado bursátil, ese balance se refleja en rotaciones hacia emisores con flujos más defensivos (BCCR, Bancos Públicos y Mutuales) y vencimientos cortos, con una lectura prudente sobre spreads en tramos medios, especialmente si persisten titulares de desaceleración en comercio exterior.

Para las tasas de interés, la combinación de inflación baja y liquidez estacional sugiere presión a la baja en tramos cortos y una curva con pendiente contenida; no obstante, la sensibilidad de la parte larga a noticias sobre crecimiento y a eventuales necesidades de financiamiento del Gobierno mantiene un piso en primas por riesgo soberano. En tipo de cambio, el entorno de baja inflación y entradas estacionales respalda una dinámica ordenada, pero nuevos signos de debilidad en exportaciones o cambios abruptos en términos de intercambio podrían reactivar coberturas y una demanda precautoria de dólares, con impactos inmediatos en valoración de posiciones en moneda extranjera.

Finalmente, la narrativa pública sobre crecimiento e inflación baja ha contribuido a una percepción de riesgo macro controlada al cierre del año, pero la prudencia de los inversionistas se sostiene por la presencia de shocks exógenos potenciales y por la posibilidad de nuevas revisiones de organismos internacionales. Bajo este balance, la reacción esperada del mercado costarricense es de estabilidad en precios en el corto plazo, compresión moderada de spreads de alta calidad y selección activa en crédito, con monitoreo continuo de comunicaciones del Banco Central y de datos de comercio exterior para ajustar duración y exposición cambiaria ante cualquier giro del ciclo.

La semana 52 en la Bolsa Nacional de Valores de Costa Rica exhibió un comportamiento típico de cierre de ciclo anual, caracterizado por una contracción severa en los volúmenes transados que redujo la actividad a un saldo marginal de 42,69 millones, representando apenas un 5,7% de lo negociado en el periodo previo. Este estrujamiento de la liquidez se concentró mayoritariamente en los primeros dos días de la semana, con una parálisis casi total a partir del 24 de diciembre, lo que refleja una desestacionalización forzada por el feriado extendido. A pesar de la caída sistémica, el Mercado Secundario logró capturar la mayor cuota de participación relativa con un 37%, desplazando a los Reportos Tripartitos que usualmente dominan el flujo operativo, lo que sugiere una actividad residual de rebalanceo de carteras más que una gestión activa de tesorería. El desplome de 706 millones respecto a la semana anterior confirma un mercado «seco», donde la ausencia de subastas relevantes en el Mercado Primario y la nula rotación de papel en los días finales neutralizaron cualquier intento de formación de precios, dejando al sistema financiero en una postura de preservación de capital y mínima exposición operativa de cara al cierre fiscal.


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