Productividad, Empleo y Gobernanza: La Ruta Mínima para Transformar el Mercado Laboral de Costa Rica
Por: Geovanny Ant Sandí Delgado
GSD SI Consultores
Mayo 2026
El Momento que Vive Costa Rica
Costa Rica vive un momento singular. Mientras algunos sectores productivos ya operan con estándares comparables a economías avanzadas, el mercado laboral sigue atrapado en una estructura que no logra absorber ese dinamismo. Esta tensión entre productividad y empleo no es nueva, pero hoy el país enfrenta un escenario político que no se veía desde hace más de cuatro décadas: una fracción legislativa mayoritaria de 31 diputados, un liderazgo presidencial con alta aprobación pública y una concentración técnica en Hacienda y Presidencia que, bien utilizada, podría abrir una ventana de oportunidad para resolver problemas estructurales que han limitado el desarrollo nacional por décadas.
La productividad costarricense se ha consolidado como una de las más altas de América Latina. Con niveles que rondan los 31–32 dólares internacionales por hora trabajada, Costa Rica se ubica en la frontera regional junto con Panamá. La brecha con Guatemala, El Salvador y Honduras oscila entre dos y tres veces, y supera ampliamente a la mayoría de economías del Caribe no petroleras. Este desempeño se explica por la combinación de capital humano, zonas francas, manufactura de precisión, servicios empresariales globales y estabilidad institucional.
Sin embargo, esta productividad convive con un mercado laboral que arrastra desafíos persistentes: un desempleo estructural que se mantiene entre 7,5 % y 8,5 %, una informalidad cercana al 40 %, una participación laboral femenina que no despega y brechas territoriales que se profundizan. Los sectores modernos crecen, pero absorben poco empleo; los sectores tradicionales absorben mucho, pero con baja productividad. Esta dualidad limita el bienestar, la recaudación fiscal y la cohesión social.
Hacia una Solución Realista y Viable
El verdadero cuello de botella no está en la economía, sino en la gobernanza. El Estado costarricense opera con instituciones que funcionan en silos: MEP, INA, MTSS, IMAS, COMEX, MICITT y MIDEPLAN avanzan a ritmos distintos, con prioridades distintas y con capacidades desiguales. La Estrategia Nacional de Empleo y Producción (ENEP) ha sido útil como espacio de diálogo, pero no como mecanismo de ejecución. Dialoga, pero no transforma.
En este contexto, el veto al proyecto de ley 22.614 —emitido por la actual presidenta cuando era ministra de Planificación puede rescatarse y retomar la dirección que en su momento se planteó— debe entenderse como una señal clara: Costa Rica no necesita más instituciones para coordinar al Estado; necesita que el Estado que ya existe funcione mejor. En aquella oportunidad el veto no rechazó el objetivo, sino el mecanismo: crear más burocracia para coordinar una burocracia que ya es suficientemente compleja. Hoy el Ejecutivo tiene los votos suficientes y una oposición con las mejores figuras que no solo entienden la problemática sino, como se manifestaron en campaña, un compromiso común para resolver los problemas estructurales en materia de empleo que tiene el país
ENEP+: La Evolución Necesaria
La solución no está en sustituir la ENEP ni en absorberla, sino en elevarla de nivel. La propuesta que surge de este análisis —y que se alinea con la visión de eficiencia estatal del Ejecutivo— es convertir la ENEP en un mecanismo ejecutivo de coordinación: ENEP+. No es una institución nueva. No crea planillas. No duplica funciones. No requiere presupuesto adicional. No invade competencias. Es simplemente una evolución funcional que transforma la conversación en acción.
ENEP+ se alojaría en Presidencia y MIDEPLAN, mantendría las mesas existentes, pero con metas trimestrales, responsables claros y seguimiento público mediante un tablero digital. Sería un instrumento de ejecución, no solo de diálogo. Un mecanismo que permite coordinar sin crear estructuras, alinear sin duplicar funciones y avanzar sin generar resistencia institucional.
Esta propuesta es políticamente viable porque el país vive un momento institucional poco común. La mayoría legislativa, el liderazgo presidencial y la narrativa pública de eficiencia estatal crean las condiciones para impulsar reformas mínimas pero decisivas. Crear nuevas instituciones sería incoherente; optimizar las existentes es la única ruta congruente con la visión del Ejecutivo.
ENEP+ permitiría resolver problemas estructurales que han frenado el desarrollo del país: la falta de coordinación entre instituciones clave, la desconexión entre formación técnica y demanda empresarial, la ausencia de metas claras en empleo territorial, la dispersión de esfuerzos en formalización y productividad, y la falta de seguimiento público y transparente.
La ruta mínima de transformación es clara: un mecanismo ejecutivo de coordinación, metas trimestrales por región, coordinación real entre instituciones, seguimiento público y un enfoque decidido en empleo de calidad y formalización. No es una reforma maximalista. Es una reforma inteligente, mínima y viable.
Costa Rica no necesita más estructuras. Necesita coherencia, coordinación y claridad de metas. ENEP+ ofrece una solución moderna, eficiente y políticamente viable para enfrentar los desafíos estructurales del país. Es la ruta mínima que puede transformar el empleo sin aumentar el tamaño del Estado.
Estamos en momentos cruciales para que las autoridades o quienes luchan por plantear una ruta institucional realista en materia de empleo promuevan soluciones y no falsas promesas. Una ruta que respete la visión de eficiencia estatal, que aproveche la ventana política actual y dejar un legado que puede trascender gobiernos.
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